martes, 30 de septiembre de 2008

No va más…

“Negro 26”, cantó el croupier, o grupier, o simplemente, el que tira la bolita en la ruleta, canta el número y después junta todas las fichas. Antes, había gritado “no va mássss…”.
Extraña situación. La única vez que fui al Casino a “jugar”, acá en Mar del Plata, compré un peso de fichitas para la tragamonedas y las cuatro que obtuve, las perdí en más o menos 45 segundos.
La segunda vez que entré, fue para una conferencia de prensa del Juego de las Estrellas de básquet. Y la tercera, para un evento similar pero de la final entre Peñarol y Boca.
Después, nunca más. No me gusta ni eso, ni jugar a la quiniela ni a nada por plata.
Pero se me ocurrió escribir sobre eso, para relatar el día de 72 horas que viví el fin de semana pasado en Bahía. La excusa era ir a cubrir para el diario, el Cuadrangular Final de la Copa Argentina, pero también, compartir un tiempo con gente amiga-hermana, de La Madrid, el pueblito motor de los anteriores posts.
Allí me esperaban Carchu y Mer. O los Cortazar. Y él, es un gran amigo. Ella lo es de mi hermana, y por qué no, mía también.
Siempre fuimos muy diferentes desde chicos. Pero nuestra amistad es muy fuerte y eso es lo más importante. Él, un capo de la tecnología. Un Mc Giver desde pequeño. Yo, aún no sé cómo se cambia un “cuerito”. Él, el típico fachero. Mucha producción antes de salir. Ducha de 45 minutos, un poco menos de tiempo para elegir la ropa, perfume, arreglo de pelito. Yo, con remera, buzo, ni loco jean, y zapatillas. Cero perfume, apenas Axe. Ducha sí, obvio, pero no tan extensa.
Ahora, todo sigue igual. Yo tengo menos pelo, pero él está igual. Y a pesar de que tiene 27, es el mismo. Elige los mismos lugares para ir, que cuando la adolescencia y nuestra energía de sobra, nos hacían salir a donde sea. Y los días que fueran.
Pero yo no. Cambié. Los 26 me dicen que ya no tolero el boliche grande, lleno de gente, con ese estilo de música que suena punchi-punchi o tunts-tunts-tunts. Ojo, nunca me gustaron. Pero aguantaba y además, un poco de alcohol hacía todo más ameno.
Yo siempre fui, y ahora más, de elegir un barcito tranqui, sentado en una mesita, con una cervecita y rock nacional. Y me sentí raro en esas situaciones. Porque hacía rato que no las vivía. El viernes salimos a una especie de C.R.U (Centro de Residentes Universitarios) que hay en Mar del Plata. Allá se llama el Club Universitario. Acá, yo iba hace unos cuántos años. Cuando tenía la edad de los que van ahora.
Este nucelo de joda bahiense estaba llenísimo, abundaban los empujones, no faltó el típico banana de musculosa que llenaba de olor a chivo todo el ambiente y eran todos mucho más pequeños que mi amigo y yo. Aunque también había un par más veteranos. Hubo varias imagenes olvidables, pero compartir una birra con un hermano del corazón, queda para siempre.
Y el sábado, a Pajas Bravas. Aún no me había recuperado de la anterior y ya estaba alistado para la siguiente excursión. Muerto. El boliche quedaba en la ruta. Y sonaba la marcha a full. O el dance. Otra vez parados, a los empujones. Y hasta me volcaron whisky en la bombacha de campo. Sí, me puse eso para salir.
En otro sector, pasaban rock nacional y había lugar para sentarse. Pero la secuencia Turf-Babasónicos-Miranda-JuanaLaLoca me venció y volví al punchi-punchi. A las 7 nos fuimos.
Ahí surgió la inspiración. Y la idea de comenzar escribiendo con la metáfora de la ruleta. Porque sentí que esa situación no iba más para mí. Que quería estar en otro lugar, pero con mi amigo y los suyos de allá que son igual de buena onda.
Volvimos en auto, como si nada. O como siempre. Hablando de cosas de las que hablamos hace 17 años, la cantidad que lo conozco. Riendo de lo mismo.
Y saqué una conclusión y reafirmé otras. No importa lo diferente que seas con el otro, lo que vale es cuánto lo querés. A pesar de no compartir esos gustos, hay que acompañar. Hoy por ti, mañana por mí. Y sé que va a ser así, porque esa es la base de nuestra amistad.

PD: Para mi próxima visita a Bahía, voy a averiguar antes sobre un bar bien rockero para llevarlo. Seguro que me va a acompañar. Por algo es mi gran amigo.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Aprender a escuchar al corazón...

Donde sea el tiempo y el lugar. Dicen unos amigos que tienen una banda que se llama Pampa Yakuza (se las recomiendo).
En cualquier lado; y momento. Siempre es importante y necesario, aunque él diga lo que diga. Lo que queremos escuchar y lo que no queremos sentir.
Y el mío, desde hace dos años tiene algo que nunca tuvo. No sé bien qué es. Es difícil de explicarlo. Pero es hermoso (hermosa bah). Está bien lleno. La gran mayoría del tiempo dice cosas lindas. Por eso he aprendido a escucharlo.
Ojo, no es que antes estuve sordo. El pasado también ha dado palmadas. Con gestos, con amistades. Con personas y lugares.
Y ahí retomo el relato que dejé pendiente en el anterior “post”.
Porque a los que estaban directamente involucrados, les gustó. Lo demuestran los comentarios y las lágrimas que se les cayeron a algunos de los lectores.
Porque La Madrid ocupa un lugar privilegiado en mi corazón. Lo escuché cuando llegamos, cuando nos fuimos y cada vez que vuelvo.
Y cuando mandé el mail avisando que nombraba al pueblito en mi blog, recibí respuestas muy gratificantes. Inclusive de amigos/as que hace mucho que no veo, pero con un correo o una conversación de msn, parece que los tuviera muy seguido. Mer, la hermana de Carchu a quien conozco desde hace 17 años (la misma cantidad que lleva la amistad con mi hermana)
Pausa: hoy martes no la iba a ver; pero me acaba de decir que vaya a su casa de 14.30 a 16. Son las 11: 56. ¡Soy feliz con y por Vane!
Retomamos. También Daiana, la hermana de Cintia que ahora vive en Ushuaia, muy lejos. María, la inspiradora del post anterior.
La segunda pausa es muy extensa. Y dura hasta ahora, que son la 1:12 y tengo mucha más inspiración.
Porque a la emoción que pude generar en los lectores directamente asociados, se le sumó que Eugenia Fernández me dijo que va en camino a tener a su tercer hijo; que me confirmaron que el fin de semana voy a Bahía Blanca a cubrir el Cuadrangular Final de la Copa Argentina de Básquet, donde jugará Peñarol de Mar del Plata; que Carchu y Mer me van a dar alojamiento y los voy a volver a ver; que en enero fui al casamiento de Victoria y Nacho y aparecí en una foto con ella en el video; que el Ale y la Jóse conviven.
Y siempre vuelven imágenes. Recientes y muy pasadas. Porque de vez en cuando nos juntamos y las sacamos afuera. Y mientras tanto siguen adentro.
Aquellas de la primaria en la Escuela Nº1 y las Olimpiadas contra la 7, la 2, la 9. O las del secundario en el Nacional. El sorteo para ver si te tocaba “mañana-inglés”, “mañana-francés” o “tarde” para cualquiera de los dos. Recuerdo lágrimas de más de una…
En esa etapa, de nuevo las competencias pero esta vez contra Bachiller (de rojo) y la Agraria (de verde). Yo fui de Comercio (amarillo).
Y el básquet y el fútbol en Racing. El voley, el handball y la gimnasia deportiva en el C.E.F 66. Juro que me emociono de nuevo.
Por eso paro. Pronto seguiré. Espero que les guste. A los que son, conmigo, protagonistas de esta historia, seguro que sí. La idea es que los demás no se aburran.
En fin, cada uno de los lamadritenses que conozco desde 1991 y que seguiré conociendo para siempre, sigue su vida y tiene recuerdos. Como los míos, como los de tu infancia, en tu pueblo. Es tu gente. Esa que aprendió a escuchar al corazón; en el que suenan las mismas canciones que en el tuyo. ¿Querés compartirlas?
Firmá y contame acá abajo. Estás invitado, o invitada.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Vida-Deber

Sí, ya sé que el blog se llama “Días de Ber”; y que en la introducción expliqué que iba contar lo que pasara en, más o menos, 24 horas. Pero no. Esta vez voy a hacer una excepción. Al final del cuento, analicen si entendieron por qué.
Ayer, Majo me prestó el CD “Cantando al León”, que es un tributo a León Gieco. En él, La Vela interpreta el tema “Familia rodante”. Lo escuché unas 7 u 8 veces (¿ustedes hacen lo mismo cuando descubren uno y les gusta mucho?); lo mismo que había hecho y sigo haciendo con “Cosa linda” y “Clara” de No Te Va Gustar, en vivo con Sebastián como invitado. Y de tanto repetirlo, empecé a captar cosas. Está bueno cuando eso pasa. No es que me identifiqué con todo. Pero sí, encontré varios parecidos entre los viajeros del tema y mi familia. Attenti.
En 1991, después de nacer y recorrer los primeros años de la vida en Mar del Plata; mi viejo, Ingeniero Agrónomo él, consiguió trabajo en el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria). Hubo que irse a vivir a General La Madrid, donde se iba a hacer cargo de la Agencia de Extensión Rural. Con “todo pago”, nos fuimos a un pueblito de gente hermosa que queda a unos 400 kilómetros de acá. Por la ruta, la escala de ciudades que vas dejando en el camino indica Balcarce-Tandil-Juárez-Laprida, hasta llegar.
Fue un cambio grosso. Más que nada para mis viejos, que tenían todo acá. Padres, hermanos, parientes de todo tipo y amigos. Era empezar de cero para ellos. Nosotros éramos muy chicos.
Y a empezar de nuevo. Nada de gas natural, ni leche en sachet. Salamandra; y envase (dícese de una botella de agua mineral vacía) al ir al almacén. Ponerle dos gotitas de lavandina o hervir el agua, la leche y muchas otras cosas que en “La Feliz” eran pasado, volvieron.
Primer día de clases en la Escuela Número 1. Y un gesto de alguien que hoy también me motivó e inspiró para escribir lo que leen. María. “Hola, soy la mamá de Carlos Juan, y estoy para cualquier cosa que necesites”. Algo así fue la primera frase que la mía le escuchó. Hoy, cerca del mediodía, le conté de mi blog vía Messenger. Lo leyó y le gustó. Sí, casi 17 años después, yo sigo siendo amigo de Carlos Juan, mi hermana de Mechi y mis viejos de los suyos. Es una tía bien “malcriadora”. La queremos y extrañamos mucho. A todos en realidad. ¿Qué, les suena raro el nombre de mi amigo? A mí también, pero después de un tiempo me acostumbré. Su papá, se llama Carlos Raúl...
En La Madrid estuvimos apenas unos 6 años. Los suficientes como para que yo me enamore de su gente, y necesite volver cada tanto. En esos tiempos, Mar del Plata era un destino turístico que nos recibía en Semana Santa, vacaciones de invierno y en el verano. Y recuerdo a mi hermana llorando los 400 kilómetros cuando volvíamos. Lindos viajes, pero feas despedidas. Ojo, también los marplatenses nos visitaban en algún cumpleaños, bautismo o comunión. Y cuando andaban por las calles del pueblo, lo revolucionaban. Mi primo Nico, era muy popular. Juro que estoy un poco emocionado.
1997 nos encontró viajando hacia Tandil. Mi viejo, había abandonado el INTA para sumarse a la empresa Cyanamid. Pasábamos del Estado a lo privado para tener un mejor vivir. El precio a cambio, era dejar nuestro pueblo del corazón. Para mí, muy duro. Tenía 14 años, recién empezaban las primeras salidas, los primeros “copetes”. Me costó aceptarlo.
Pero aún así, La Madrid nos recibía muy seguido, porque íbamos fin de semana por medio, para que la separación no fuera tan dura aunque igual lo fue. Y también seguíamos viniendo a Mar del Plata, nuestra ciudad siempre.

Fin del fascículo. Para la próxima entrega, un poco más de mi historia. Porque, seguro que la canción de León que canta La Vela, la voy a seguir escuchando muy seguido, y las sensaciones que intenté dejar acá plasmadas, aparecerán una y otra vez. Quedan más viajes por contar.

sábado, 13 de septiembre de 2008

A donde salga el sol

Se está terminando el viernes 12 de septiembre. O recién empieza el sábado 13. Tomalo como quieras. Para mí, cada vez falta menos para el domingo 14. Ese día es el cumple de Vane. Y ella es todo. Yo lo tomo así. Pero siendo las 4.07 en el celu, 4.03 en la compu, escribo.
Escena 1. Foto imaginaria, con sonido. Estoy seguro que alguien las inventará dentro de no mucho. Vane, Ber, su hermana, su mamá, el mate y Pampa de fondo. Una hermosa postal, digna del “sacá una foto… con sonido” que se me escapó. Esos son momentos para retratar, para guardar en el corazón. No sé si se entiende igual al escribirlos en un blog. Pero ahí va.
Esa es la idea, aunque no salga, el intento es lo que vale.
Escena 2. Pollos a la parrilla en el club Alvarado. Invitaciones de prensa y de onda de parte de la gente que da una mano en el club. Es para hinchas, y los únicos “extras” somos Hernán y yo. El “busquemos algún conocido” de mi compañero suena casi a ruego. Y se cumple. Por allá, está el famoso “matialva”. Amigo de la vida que Morfeo me puso en el camino en mis épocas de “mozobuenaonda”. Era colega. Y nos cagábamos de risa. Fanático del “Torito”, estaba ahí, firme.
Cerveza, pan, ensalada de lechuga, tomate y cebolla (¿hay otra en ese tipo de reuniones?). Sí, ya sé, seguramente cuando Aneris lea y banque mi blog como yo hago con el de ella pensará y gritará sola en su departamento “¡Se olvidó de la de papa y huevo!”. Pero no me olvidé. Por algo la menciono. Sigo con el menú: chorizo, morcilla y pollo relleno a la parrilla. Aplausos anónimos. No sé quién los hizo ni quién los cocinó. Estaban increíbles.
Escena 3. Pensé que nunca iba a vivirla. De pronto, sin analizarlo mucho, me encontré viendo una pelea. Boxeo en vivo y en directo; y eso que no lo tolero ni por la TV. Para mí, no es deporte. Y estando ahí menos. Los golpes no suenan muy lindos que digamos. Y para colmo, los animadores son dos 4 de Copas. Áspero. Chau. Noséquién vs. el marplatense Roberto “La bestia” y también “Cicuta” Bolonti. Por Dios.
Lo único positivo es que allí están Mauri, Germán, Ricki y Juani. Y ahí caímos con Matialva y Hernán. Llegamos, y “disfrutamos” del último round. Adiós.
ESCENA 4. Juani, Germán y Mauri (Ricki abandonó) disfrutan de una pizza y birrita en Montecristo. Los restantes, sólo de lo segundo. Pool ante mi ex compañero de trabajo. Derrota 1-2. Lo grosso, es que con el pendejo no nos veíamos desde hace ratazo. Y terminamos compartiendo cosas de esas con las que nos conocimos. Lindo momento. Ey, no voy a hablar del que anima el show. Un ladri con todas las letras. Así: L-A-D-R-I.
Escena 5: Mati, Hernán, Germán, Mauri, yo. Nico Ruau, el “Negro” Juan, Marina y Rulitos. Y Palo Pandolfo con sus visitantes que cantan “Estaré”. Me acuerdo de aquellos viejos-buenos momentos. Hacía tiempo que no escuchaba ese tema. “… A cada persona se mide por el tamaño de su corazón…”. Cae justo. Porque el L-A-D-R-I ya no está. Y nosotros nos estamos yendo…

lunes, 1 de septiembre de 2008

Un viaje de ida (menos mal)

Después de tantos días sin escribir, debería ponerme a contarles uno completito. Pero no. Porque con lo vivido hasta ahora (16.45 del lunes 1 de septiembre), alcanza y sobra.
Más allá de inspiración o no, lo que me motiva a escribir es el viaje en colectivo que me tocó vivir y sufrir hoy a la mañana.
Relato. Obviamente, cuando estaba a una cuadra, pasó el 541, el que más cerca me dejaba de destino. Tuve que ir a esperar el 551. Debo reconocer mi error: salí con el tiempo justo. Tenía dentista a las 10.30 y eran y 10 y andaba caminando por mi barrio. Mal comienzo. Y es más, creo que, cuando subí lo hice con el pie izquierdo.
Lleno de gente, entonces a viajar parado. ¡Esperá! Hay más. Fila 3, asiento contra la ventana, una señora de esas cuyo hobbie es hablar, y un hombre de unos treinta y pico a su lado. “¿Me falta mucho para la plaza San Martín?”, era la pregunta elegida para iniciar la conversación, que comenzaba en su viaje desde Tucumán, su casa en esta ciudad ocupada por “Ocupas”, un juicio, protestas contra las leyes y el tradicional “y bueh”, que tira al pasar, el oyente que no quiere más.
Tres filas más atrás, dos desde donde estaba yo, un “pseudo-rapero” de aproximadamente 15 años. No me di cuenta de su “condición” por el pañuelo negro y blanco que llevaba a modo de vincha, sino porque además, su celular era una especia de minicomponente con el que “alegró” a todo el “pasajerío”. Dolor de oídos causó esa música. ¡Pará, que hay más!
El señor que venía con la tucumana, se bajó. Y se acomodó una de más o menos la misma edad. “¿La plaza San Martín es la que está enfrente de la Municipalidad no? Es que ahí me tengo que bajar”. Y otra vez el discurso que yo ya conocía. El rap seguía sonando, y una fila más adelante se sumó un niño que tenía alguna molestia y no paraba de llorar. Completito. Es que ese colectivo, pasa por un hospital. Ahí está la cuestión. Lo raro es que por un manicomio no, y entonces no sé dónde iban el “adolescente-estéreo” y la señora.
¿Quieren más? La doña, protagonista principal de esta historia, llevaba consigo un bolsito naranja. Y mientras charlaba con sus interlocutores, metía su mano derecha a cada rato. Hasta que en un momento, se la oyó decir “cáia, cáia, que vendría a ser un “calla, calla”, o “caya, caya” (en lenguaje de Fontanarrosa) para intentar silenciar algo. Ese algo, era un perrito, estilo Jazmín de Susana, que venía muy incómodo, supongo yo, en el bolsito naranja. Locura completa.
Por suerte, al llegar al dentista (tarde), tuve que esperar porque ya me habían salteado y la “tele” me amortizó el momento con el gran programa que conducen Leo Montero y Verónica Lozano por Canal 8 acá (TELEFE por allá). Impresentable. Intolerable. Casi como el viaje en colectivo.
Mariano, el odontólogo con más onda, me curó una mínima carie y dejamos la otra para la semana que viene. A la misma hora y en el mismo lugar. Creo que voy a ir en remis, o caminando.

PD: Toda esta “tortura”, la viví porque me falta mi MP4. Perdí el cablecito USB cargador, pero ya me compré uno después de la visita al dentista y la alegría volvió parcialmente. Completa completa, llegó cerca del mediodía cuando me encontré con Vane y la acompañé a hacer unas cosas. Nada es tan terrible. Hay cosas peores, pero vivir esos momentos causa bronca. Por suerte, se los puedo contar y ver si se divierten.