A continuación, unas líneas sobre el lugar done estoy alojado mientras cubro para el diario El Atlántico de Mar del Plata,a el Cuadrangular final de la Copa Argentina de Básquet, donde participa Peñarol...
El “Touring Club” de Trelew, es un lugar lleno de historia que aún conserva rasgos de antigüedad. Fundado en 1918, tiene un encanto especial para visitantes y para los propios habitantes. Pasen lean y recorran...
Al verlo desde afuera, llama la atención. En estos tiempos modernos, llegar a ciudades que conservan y aman su historia, es algo que tiene un encanto especial. Y parecer un protagonista de aquel rico pasado, más lindo es aún.
Más allá de que el plasma último modelo que está arriba a la izquierda, con el canal Much Music, le pone un toque de modernismo, todo lo que conforma el Hotel Touring Club de Trelew, guarda cierta “antigüedad”.
La recepción es, a la vez, bar y restaurant. Detrás de la barra, está el tablero con las llaves de cada habitación, pero también, alrededor de 400 botellas y latas de distintas épocas. Las primeras de Gancia, las de Fernet Branca, unas de hace 30 años de Campari, Cinzano, Cognacs. Todas ubicadas cual tribuna popular de cualquier cancha. La de atrás, asoma levemente por encima de la que está adelante. Así por detrás de todo el sector de recepción, elaboración de desayunos y bacha para lavar la vajilla, que se extiende por todo el ancho del salón, unos 20 metros. También hay algunos trofeos, un par de cocteleras y un reloj enorme de agujas. Sin olvidar, obviamente, la vieja y querida lista de precios, de fondo negro y letras blancas que se clavan. “Vermout Jeréz, $8”, marca. “Ginegra, Vodka, Gin, Vino, Licor, Coñac y Anis, $5”, sigue.
En el salón, se mezclan los pasajeros que están alojados y bajan a desayunar, unas señoras que el sábado por la tarde se juntan a charlar y jugar al Burako, el solitario hombre con su café y también, aquel que está acompañado únicamente por una botella de fernet y un sifón de soda. El hall de entrada, tiene unas 30 mesas. Algunas son de madera, pintadas de marrón, con sillas de similar composición, aunque algunas tienen un almohadón verde oscuro. Otras, tienen un mantel azul, otro colocado por encima en forma de rombo color bordó, y sillas de mimbre, también con un almohadón del color de la tela que cruza en la mesa.
Paredes altas, y techos también. Obviamente, la antigüedad se refleja en la pintura. Está un poco descuidado, pero esto también es parte de la esencia. En los laterales, un montón de cuadros. Una lista de precios vieja, fotos, escudos. Recortes de diario que reflejan lo que es el Hotel Touring Club, de manera similar a estas líneas. en uno de ellos, del diario Jornada, se recuerda la Masacre de Trelew, ocurrida el 22 de agosto de 1927, cuando fueron asesinados 16 militantes de organizaciones armadas Peronistas y de Izquierda en la Base Almirante Zar. En el mismo, hay una foto de una conferencia de prensa realizada un año después, en el lugar donde son redactadas estas líneas.
Una máquina de café de las primeras, de adorno. Para trabajar, hay una “Criollo Eurobar” de las últimas.
Al tono con el pasado. El mozo. El único que pasa gran parte del día. Pantalón negro, camisa blanca, asiente con la cabeza ante el pedido de una “lágrima”.
El cigarrilo también es compañía para los que están solos o con alguien. En Trelew se puede fumar en los espacios públicos.
Una puerta de entrada, dos ventanas a los costados, el cartel de “Sistema WI FI”, que también le da una dosis de actualidad al lugar. Pura descripción de lo que se ve y se siente.
La historia real, esa que no le deja lugar a la imaginación de quiénes lo visitan, esa que igualmente atrapa, cuenta que el “Touring” es una fusión de los hoteles “Argentino” y “Globo”. Este último, fue construido por la compañía inglesa “Southern”, en el año 1898. De esa primera estructura, se conserva la recepción-restaurant- bar- sala de juegos, y doce habitaciones. Aquí, por ejemplo, se alojó el Presidente Julio Argentino Roca, y el famoso pistolero Butch Cassidy.
Al lado, se encontraba el “Argentino”, que se incendió, quedó abandonado hasta que el señor Pujol, adquirió la propiedad y la anexó al “Globo”, en 1918, dando lugar a la fundación del actual “Touring”. La mayoría de los materiales, fueron traídos desde Europa, en barco hasta Puerto Madryn y en tren hasta Trelew. Desde Buenos Aires, también llegaron.
En planta baja, funcionaba, como hoy, el salón comedor, con vajilla de porcelana, copas de cristal y en el balcón, la melodía de un piano hacía más amena, placentera y romántica la comida o estadía.
Desde 1949, la familia Fernández es la dueña. Primero estuvieron los hermanos Luis y Rafael, con sus esposas Albina y Josefina; luego “Doña Pepa” quedó con sus hijos y sus familias, a cargo de todo.
Por la mañana, está la abuela y su hijo, y por la tarde-noche, los nietos. Uno de ellos, entrega un folleto que cuenta: “Lo más antiguo, que guarda los recuerdos de toda la historia, no solo del hotel, sino de la ciudad, es la confitería. Lugar de enamorados desde la época del trencito. De estudiantes, deportistas, de treguas políticas, bohemios, y locos con ideas luminosas”. Uno de ellos, que se alojó en 1930, fue Antoine de Saint-Exupéry, el creador de “El Principito”.
En casi dos horas de viaje hacia atrás, recuerdos y redacción, intento transmitir este viaje por el pasado de un lugar lleno de historia. Las señoras continúan jugando, fumando y discutiendo, en otra mesa hay un solitario hombre con una Quilmes de 3/ 4, Much Music sigue en el plasma y a mi lado, un colega santiagueño lee el folleto y se presta a escribir sobre lo mismo. Una vez más, el “Touring” y su encanto atraparon a un curioso. Por su pasado y presente. Por los sucesos que fueron y los que vendrán, este lugar es sin dudas, un hotel de aquellos…
sábado, 3 de octubre de 2009
martes, 7 de julio de 2009
Sobrino del corazón
Siempre dicen que, cuando te estás por morir, se te pasa toda tu vida en un segundo. Imágenes, sensaciones, momentos. Nunca lo experimentamos, obvio. Y el que lo hizo, no lo pudo contar lamentablemente.
Algo parecido me pasó el otro día. Estaba conectado y apareció Vir y me dijo “nacióóóóóóó!”. Era 3 de julio, se refería a Francisco, el hijo de su hermana Victoria y Nacho.
En ese momento me emocioné mucho. Porque ellos son personas muy queridas, están en un lugar muy querido y yo, lejos. La mariconeada fue muy fuerte. Además, estaba en el diario, sin nadie con quien comentar y compartir semejante alegría. Hubo puchero.
Porque como conozco a la reciente mamá desde hace más o menos 18 años, este notición pegó fuerte.
Recuerdos de la infancia, flashes de momentos que siempre están ahí para aparecer cuando no los esperás. Su casa, la cocina, el (y los) sillones marrones del living y el televisor con el control remoto de los botones re duros.
La torta de los 80 golpes de Liliana, la camioneta Ford F100 celeste y blanca de Juan Carlos, el Renault 18 celeste, los mates que antes no tomaba y miraba de lejos, los cuadros de Virginia, las fotos viejas, el juego ese que puso de moda Susana Giménez que no me acuerdo cómo se llama. Me acordé, el “SUcesos”. Las visitas de sus primas de Juárez, el matineé de Buho´s. Su cumpleaños de 15 y mi negativa rotunda a bailar el vals. Las miles de veces que la acompañé a su casa de noche (y también a Virginia), las charlas en la vereda, las vueltas en auto. Arjona, la colección de rock nacional de la revista Noticias, su negativa a escuchar Los Cadillacs. Boca, siempre Boca.
Más grandes, aunque no tanto como creíamos, el viaje a Bariloche, la parte que me eligió para que desfilemos para una boludez del video que nos hacían. Ir a La Madrid para egresar con mis amigos y amigas de la vida y de siempre, y que no pueda elegir bajar con ella. Recuerdo que lo hice con una cuyo sobrenombre era “Thalia”, imagínense.
Visitas, siempre. Mías en la mayoría de las oportunidades. A La Madrid o a La Plata. Almuerzos, cenas, y por fin, mates compartidos. Aunque siempre había un “vos no sos muy matero”.
Las miles de cartas que me escribió cuando me fui a Tandil y también cuando me vine a Mar del Plata. Desde La Madrid o desde La Plata, ella fue la que lo hizo con más constancia. Realmente era importante tener ese nexo. Su rechazo a la tecnología, que logró vencerla y ahora hasta tiene Facebook. Y en el msn, donde chateamos de vez en cuando.
No pude estar cuando se recibió de abogada; pero sí en su casamiento, en enero de 2008. Aparecer en una foto en su video jaja. Muchas cosas en muchos años.
También es muy importante y me acuerdo, de cuando le presenté a mi compañera de vida desde hace 3 años. Le regaló un saquito para Francisco, tejido por ella misma cuando fuimos a La Madrid para otro casamiento, el de Emilia. Fue lindo ese momento.
Tanto tiempo ha pasado, y hoy somos tíos del corazón. Ella es mamá. Recuerdo los primeros pasos de su noviazgo con Nacho. ¿Cómo pasa todo tan rápido?
Sin dudas, si algo he aprendido, es que tener siempre por ahí esos recuerdos y muchos otros que ahora no vienen, es una de las cosas más lindas de la vida.
Ojala este nuevo bosterito tenga la misma esencia que su mamá, su papá, sus abuelos, su tía Virginia y su gente. Ojala pueda recordar esas pequeñas cosas y ser feliz. Desde donde me toque, prometo ayudarlo.
Algo parecido me pasó el otro día. Estaba conectado y apareció Vir y me dijo “nacióóóóóóó!”. Era 3 de julio, se refería a Francisco, el hijo de su hermana Victoria y Nacho.
En ese momento me emocioné mucho. Porque ellos son personas muy queridas, están en un lugar muy querido y yo, lejos. La mariconeada fue muy fuerte. Además, estaba en el diario, sin nadie con quien comentar y compartir semejante alegría. Hubo puchero.
Porque como conozco a la reciente mamá desde hace más o menos 18 años, este notición pegó fuerte.
Recuerdos de la infancia, flashes de momentos que siempre están ahí para aparecer cuando no los esperás. Su casa, la cocina, el (y los) sillones marrones del living y el televisor con el control remoto de los botones re duros.
La torta de los 80 golpes de Liliana, la camioneta Ford F100 celeste y blanca de Juan Carlos, el Renault 18 celeste, los mates que antes no tomaba y miraba de lejos, los cuadros de Virginia, las fotos viejas, el juego ese que puso de moda Susana Giménez que no me acuerdo cómo se llama. Me acordé, el “SUcesos”. Las visitas de sus primas de Juárez, el matineé de Buho´s. Su cumpleaños de 15 y mi negativa rotunda a bailar el vals. Las miles de veces que la acompañé a su casa de noche (y también a Virginia), las charlas en la vereda, las vueltas en auto. Arjona, la colección de rock nacional de la revista Noticias, su negativa a escuchar Los Cadillacs. Boca, siempre Boca.
Más grandes, aunque no tanto como creíamos, el viaje a Bariloche, la parte que me eligió para que desfilemos para una boludez del video que nos hacían. Ir a La Madrid para egresar con mis amigos y amigas de la vida y de siempre, y que no pueda elegir bajar con ella. Recuerdo que lo hice con una cuyo sobrenombre era “Thalia”, imagínense.
Visitas, siempre. Mías en la mayoría de las oportunidades. A La Madrid o a La Plata. Almuerzos, cenas, y por fin, mates compartidos. Aunque siempre había un “vos no sos muy matero”.
Las miles de cartas que me escribió cuando me fui a Tandil y también cuando me vine a Mar del Plata. Desde La Madrid o desde La Plata, ella fue la que lo hizo con más constancia. Realmente era importante tener ese nexo. Su rechazo a la tecnología, que logró vencerla y ahora hasta tiene Facebook. Y en el msn, donde chateamos de vez en cuando.
No pude estar cuando se recibió de abogada; pero sí en su casamiento, en enero de 2008. Aparecer en una foto en su video jaja. Muchas cosas en muchos años.
También es muy importante y me acuerdo, de cuando le presenté a mi compañera de vida desde hace 3 años. Le regaló un saquito para Francisco, tejido por ella misma cuando fuimos a La Madrid para otro casamiento, el de Emilia. Fue lindo ese momento.
Tanto tiempo ha pasado, y hoy somos tíos del corazón. Ella es mamá. Recuerdo los primeros pasos de su noviazgo con Nacho. ¿Cómo pasa todo tan rápido?
Sin dudas, si algo he aprendido, es que tener siempre por ahí esos recuerdos y muchos otros que ahora no vienen, es una de las cosas más lindas de la vida.
Ojala este nuevo bosterito tenga la misma esencia que su mamá, su papá, sus abuelos, su tía Virginia y su gente. Ojala pueda recordar esas pequeñas cosas y ser feliz. Desde donde me toque, prometo ayudarlo.
sábado, 4 de abril de 2009
El bar amigo
Hace unos minutos, estando en el diario, abrí un Word, y como la experiencia (mala) indica, guardé el documento antes de escribir la primera palabra. Lo nombré con una “B”, mi inicial.
Eso de la experiencia, viene a que, en este laburo, muchas veces me ha pasado de no guardar y perder todo. Y putear.
Lo que cito en el título y en el primer párrafo, se me ocurrió hace unos segundos, cuando chateaba con Fede, amigo del trabajo quien en este momento está a una compu de distancia.
Hablábamos de novias, de ex, de nuevas, de juntadas. De festejos, de situaciones hipotéticas y nombramos a nuestro bar amigo, que nos aguanta la razón. “El Estar”, acá en Mardel, en Gascón y Catamarca.
Con mi hermano empezamos a ir hace bastante. Y con la banda del diario fuimos mucho en este último tiempo hasta que la camarera se rayó, trató mal a Santi una vez que él fue con la suya, y nos distanciamos. Hace unos días, la echaron y cuando nos enteramos, llegó la reconciliación.
Porque el encargado nos trata bien, nos conoce. Nos da vasos de vidrio y nos pone los temas que le pidamos (rock en castellano sí o sí). Y otro Fede, que antes laburaba, se hizo amigo nuestro sencillamente por esas mismas razones. Luego dejó, y ahora retornó, como nosotros. Ayer volvimos, con mi hermano, el Gasty y el Mati, protagonistas del post anterior. La pasamos bien, y barato.
Mi historia acá en Mar del Plata ha estado marcada por varios bares amigos. El primero fue el Bar de Hugo, o Parada 7, ubicado en Santiago del Estero y Alvarado. Con mis hermanos, vivíamos a media cuadra y una vez, volviendo de no sé dónde con Santi; al pasar, escuchamos que sonaba La Vela. Condición clave.
Empezamos a frecuentarlo y se dio lo mismo que en el presente. Vasos de vidrio, descuentos, “nuestra” música. Y acústicos con amigos, y varias borracheras. Ya no existe. Primero cerró y tiempo después, el genio de Hugo falleció.
Otro bar amigo fue, sin dudas, Agarrate Catalina. O para nosotros, Catalina simplemente. Laburaba Juani, uno de la banda del diario, y tenía mucha onda el lugar. Al cóctel infalible nombrado dos veces más arriba, se le sumaba el Cantobar de los viernes, el “recital” del gordo Rodrigo los sábados y la pizza libre por 5 pesos. Nos hicimos amigos de los amigos de Juani, también de las camareras y fue nuestro lugar de cabecera durante un tiempo.
Conocí a la persona más hermosa del mundo. Ahí la ví por primera vez y ahí nos pusimos de novios. Imposible olvidar, todo. Tremendo.
Con el Bar de Hugo, Catalina y El Estar, tenemos tres bares amigos, pero posta eh. De los que nunca fallan. Siempre están en el recuerdo y en el presente.
Un rato después, con Fede ya no chateamos de lo del principio, pero su frase “tenemos que copar ese bar”, todavía resuena…
Eso de la experiencia, viene a que, en este laburo, muchas veces me ha pasado de no guardar y perder todo. Y putear.
Lo que cito en el título y en el primer párrafo, se me ocurrió hace unos segundos, cuando chateaba con Fede, amigo del trabajo quien en este momento está a una compu de distancia.
Hablábamos de novias, de ex, de nuevas, de juntadas. De festejos, de situaciones hipotéticas y nombramos a nuestro bar amigo, que nos aguanta la razón. “El Estar”, acá en Mardel, en Gascón y Catamarca.
Con mi hermano empezamos a ir hace bastante. Y con la banda del diario fuimos mucho en este último tiempo hasta que la camarera se rayó, trató mal a Santi una vez que él fue con la suya, y nos distanciamos. Hace unos días, la echaron y cuando nos enteramos, llegó la reconciliación.
Porque el encargado nos trata bien, nos conoce. Nos da vasos de vidrio y nos pone los temas que le pidamos (rock en castellano sí o sí). Y otro Fede, que antes laburaba, se hizo amigo nuestro sencillamente por esas mismas razones. Luego dejó, y ahora retornó, como nosotros. Ayer volvimos, con mi hermano, el Gasty y el Mati, protagonistas del post anterior. La pasamos bien, y barato.
Mi historia acá en Mar del Plata ha estado marcada por varios bares amigos. El primero fue el Bar de Hugo, o Parada 7, ubicado en Santiago del Estero y Alvarado. Con mis hermanos, vivíamos a media cuadra y una vez, volviendo de no sé dónde con Santi; al pasar, escuchamos que sonaba La Vela. Condición clave.
Empezamos a frecuentarlo y se dio lo mismo que en el presente. Vasos de vidrio, descuentos, “nuestra” música. Y acústicos con amigos, y varias borracheras. Ya no existe. Primero cerró y tiempo después, el genio de Hugo falleció.
Otro bar amigo fue, sin dudas, Agarrate Catalina. O para nosotros, Catalina simplemente. Laburaba Juani, uno de la banda del diario, y tenía mucha onda el lugar. Al cóctel infalible nombrado dos veces más arriba, se le sumaba el Cantobar de los viernes, el “recital” del gordo Rodrigo los sábados y la pizza libre por 5 pesos. Nos hicimos amigos de los amigos de Juani, también de las camareras y fue nuestro lugar de cabecera durante un tiempo.
Conocí a la persona más hermosa del mundo. Ahí la ví por primera vez y ahí nos pusimos de novios. Imposible olvidar, todo. Tremendo.
Con el Bar de Hugo, Catalina y El Estar, tenemos tres bares amigos, pero posta eh. De los que nunca fallan. Siempre están en el recuerdo y en el presente.
Un rato después, con Fede ya no chateamos de lo del principio, pero su frase “tenemos que copar ese bar”, todavía resuena…
miércoles, 11 de marzo de 2009
De oídos, sonidos y amigos
Siempre fue de las cosas que mejor me hicieron. Sola o en conjunto, ayudó. A pensar, desahogar, disfrutar y descargar. Y sigue estando. Los años pasan pero continúa a mi lado. No la estudié, no soy virtuoso, pero me gusta. La disfruto y muchas veces la entiendo.
Será porque desde chicos convivimos. Acá integro a mis hermanos. No tanto Luli, sí Santi. Y mi viejo ni hablar.
Él fue el primer responsable. Un familiar directo que nos inculcó sin intención el folklore de Los Chalchas, también los versos de Serrat y unos cuántos más. Después pasó la posta a nosotros. Y devolvimos gentilezas llenándole los oídos con las nuestras.
Él estudió guitarra y aún sigue tocando en sus mínimos ratos libres. Y nosotros nos acoplamos. De chicos cantando, tarareando e inventando. Ahora tratando de sacar de oído, a modo de aficionados, con los muchos instrumentos de percusión que fuimos comprando. En el quincho de mi casa hay un bongó, un “uruguayo”, un “marroquí”, el bombo salteño de mi viejo, una pandereta y recientemente, Santi trajo de Baires un guïro.
De mis gustos ya he hablado varias veces en este blog. Aún debo ponerme a escribir más en profundidad sobre la banda amiga que me aguanta el corazón a mí y a varios. Ya lo haré.
Queda por ponerse a contar sobre la verdadera inspiración de este post. Es la música, claro.
Esa que hace unos días, estando solo y desvelado, me puse a escuchar a las 4 de la mañana. Esa fue la primera señal. Puse “El regreso” de Calamaro y escuché varias veces “no me nombres”, tema que hace con su hermano Javier. Tremendo.
Luego, también desvelado y “paveando” en la compu como un “pancho” (seeee, se lo están imaginando con mayonesa y papitas), sonó Ska P, Arbolito, Manu Chao, Pampa y los discos piratas de La Vela en vivo que se mantienen en el rígido.
Y mi hermano vino de verlo al genio en el club Ciudad y me mostró el güiro; y un día me quedé chateando con el Lando, también con el Gasty y por qué no, con el Mati…
Ellos dieron el empujón final; o el puntapié inicial para escribir esto que leen. Porque juntos, en su último viaje por Brasil, encararon un lindo delirio: armaron el Lumpen Trío y se largaron a tocar. Como en el quinchito de Belgrano casi Buenos Aires, o como en el de mi casa o en su Tandil, cuando aún no los conocía; unieron sus talentos y a la mierda. Salió eso.
Uno me mostró videos, el otro sus letras y el otro ya voló hacia el más allá. En realidad los tres. Y yo también, ¿por qué no?
A los tres los conocí por la música y mi hermano. El Lando estaba en Baires y fuimos a ver a La Vela. Caímos a su depto, enchufó la viola y se zarpó. También se calmó e hicimos algunos temas tranca. Pero en uno de los primeros... “shhh” se escuchó desde un balcón mala onda; y este loco respondió “¡la puta que te parió!”. Tiene esas cosas. Es calmo pero cambia. Tiene una paz media rara. Es una buena combinación. Esa fue una gran noche.
El Mati es un tipo extrañador. Creo que el más virtuoso. En un cumple de mi hermano, se disfrazó de León y tocó con la armónica sostenida, como Gieco. Toca varios instrumentos de oído. Los fue aprendiendo a puro talento. Ahora está con la trompeta. Siempre hacemos temas a dos voces y salen muy buenos. Eso creemos bah.
Y el Gasty es el infaltable. Hasta hace no mucho, era el alma de cada juntada. Un tipo que sin haber ido a clases, con mucha garra, empeño y oído, puede tocar desde un tema de los Doors hasta un enganchado de Palito Ortega o algunos temas de Bombita Rodríguez. Es un ícono carismático. Pero hay que tratarlo bien porque si se “bimbea” (o se raya, fastidia y enoja), se apaga y chau. Y vuelvo al “hasta hace no mucho” porque ahora dice que esa etapa ya fue. Pasó a ser un compositor serio.
Son tres grandes amigos de la música y de la vida. O de la música en vida. Se disfruta de ella con ellos. Hace mucho que no hacemos una juntada. ¿Por qué no en breve?
Será porque desde chicos convivimos. Acá integro a mis hermanos. No tanto Luli, sí Santi. Y mi viejo ni hablar.
Él fue el primer responsable. Un familiar directo que nos inculcó sin intención el folklore de Los Chalchas, también los versos de Serrat y unos cuántos más. Después pasó la posta a nosotros. Y devolvimos gentilezas llenándole los oídos con las nuestras.
Él estudió guitarra y aún sigue tocando en sus mínimos ratos libres. Y nosotros nos acoplamos. De chicos cantando, tarareando e inventando. Ahora tratando de sacar de oído, a modo de aficionados, con los muchos instrumentos de percusión que fuimos comprando. En el quincho de mi casa hay un bongó, un “uruguayo”, un “marroquí”, el bombo salteño de mi viejo, una pandereta y recientemente, Santi trajo de Baires un guïro.
De mis gustos ya he hablado varias veces en este blog. Aún debo ponerme a escribir más en profundidad sobre la banda amiga que me aguanta el corazón a mí y a varios. Ya lo haré.
Queda por ponerse a contar sobre la verdadera inspiración de este post. Es la música, claro.
Esa que hace unos días, estando solo y desvelado, me puse a escuchar a las 4 de la mañana. Esa fue la primera señal. Puse “El regreso” de Calamaro y escuché varias veces “no me nombres”, tema que hace con su hermano Javier. Tremendo.
Luego, también desvelado y “paveando” en la compu como un “pancho” (seeee, se lo están imaginando con mayonesa y papitas), sonó Ska P, Arbolito, Manu Chao, Pampa y los discos piratas de La Vela en vivo que se mantienen en el rígido.
Y mi hermano vino de verlo al genio en el club Ciudad y me mostró el güiro; y un día me quedé chateando con el Lando, también con el Gasty y por qué no, con el Mati…
Ellos dieron el empujón final; o el puntapié inicial para escribir esto que leen. Porque juntos, en su último viaje por Brasil, encararon un lindo delirio: armaron el Lumpen Trío y se largaron a tocar. Como en el quinchito de Belgrano casi Buenos Aires, o como en el de mi casa o en su Tandil, cuando aún no los conocía; unieron sus talentos y a la mierda. Salió eso.
Uno me mostró videos, el otro sus letras y el otro ya voló hacia el más allá. En realidad los tres. Y yo también, ¿por qué no?
A los tres los conocí por la música y mi hermano. El Lando estaba en Baires y fuimos a ver a La Vela. Caímos a su depto, enchufó la viola y se zarpó. También se calmó e hicimos algunos temas tranca. Pero en uno de los primeros... “shhh” se escuchó desde un balcón mala onda; y este loco respondió “¡la puta que te parió!”. Tiene esas cosas. Es calmo pero cambia. Tiene una paz media rara. Es una buena combinación. Esa fue una gran noche.
El Mati es un tipo extrañador. Creo que el más virtuoso. En un cumple de mi hermano, se disfrazó de León y tocó con la armónica sostenida, como Gieco. Toca varios instrumentos de oído. Los fue aprendiendo a puro talento. Ahora está con la trompeta. Siempre hacemos temas a dos voces y salen muy buenos. Eso creemos bah.
Y el Gasty es el infaltable. Hasta hace no mucho, era el alma de cada juntada. Un tipo que sin haber ido a clases, con mucha garra, empeño y oído, puede tocar desde un tema de los Doors hasta un enganchado de Palito Ortega o algunos temas de Bombita Rodríguez. Es un ícono carismático. Pero hay que tratarlo bien porque si se “bimbea” (o se raya, fastidia y enoja), se apaga y chau. Y vuelvo al “hasta hace no mucho” porque ahora dice que esa etapa ya fue. Pasó a ser un compositor serio.
Son tres grandes amigos de la música y de la vida. O de la música en vida. Se disfruta de ella con ellos. Hace mucho que no hacemos una juntada. ¿Por qué no en breve?
lunes, 9 de febrero de 2009
Anillos que pican cerca…
Qué raro ponerse a escribir sobre algo que hace un tiempo parecía tan lejano. Hasta que algunas y algunos se decidieron y dieron el sí. Muy cercanos al corazón, ha habido varios amigas y amigos que se comprometieron en ese momento tan grosso que siento que se acerca. También lo hará mi prima en breve. Y la China con Jero. Apalalá.
Parece mentira, pero después de tantos años de conocerlos, compartir cosas y momentos, parece que ese día tardará en llegar. Y no.
El año pasado, en enero, se casó en La Madrid mi amiga Victoria con Nacho. Recuerdo las primeras épocas de su noviazgo como fiel testigo. Sea por carta o visita, siempre estuve más o menos al tanto de la relación. “¡Qué nacho la de anoche!”, le dije después de su primer contacto allá por el “noventipico”. Fue muy raro estar en ese momento tan importante. ¡Y fue emocionante aparecer en una foto en el video!
Después, en abril, Eugenia nos sorprendió acá en Mar del Plata. Fiel a su linda rareza, se casó con un suizo que conoció por internet. Ella siempre fue una persona especial. No salía mucho, cantó en una banda de no sé qué estilo de música, y se pasaba gran parte de su tiempo en la compu. Era obvio que su amor llegaría por ese lado. Ahora vive en Suiza y es feliz, con Urs, y las sábanas verdes que le regalamos con Alejo.
La motivadora de este post, vino a visitarnos a principios del año pasado y en el programa de radio en el que yo laburaba dije: “un saludo para María Emilia, amiga de mi hermana desde hace 17 años”. Fuaaaaa… casi le genero un desmayo cuando escuchó semejante cifra. El mismo desmayo que ella casi nos genera cuando nos dio la noticia de que se casaba con Pablo.
Debo reconocer que ni me acordaba cómo era su novio. Creo que nunca lo conocí. Pero, una vez en la fiesta, cuando lo traté, resultó tener la misma esencia que ella y que la gran mayoría de la gente de La Madrid, a pesar de que no es de ahí. Un tipo educado, gentil y buena onda. A la hora de la foto en la mesa, me presenté como “el hermano de Lucía” porque no sabía si me conocía y él dijo: “vos sos Bernardo, Emilia me hace leer tu blog”. Pobre loco.
Y ahora, los matrimonios del futuro próximo o inmediato. Primero el de la China y Jero. Poco conocida como Débora, del mismo círculo vicioso que Eugenia y Alejo, tiró la noticia en plena cena amiguistica en el Antares de Bernardo de Irigoyen hace poco. Mucho no nos sorprendió, porque después de ser novios desde los 14 años, era obvio que su destino sería uno solo. Y más, luego de las pruebas superadas como la reciente convivencia y los viajes a Estados Unidos. Grandes personas. Se casarán en enero del año que viene.
Y en la última semana, otra grata noticia. Dentro de 365 días más o menos, mi prima Juli y Lucho también tendrán “su” momento. Tremendo. Ella es mi prima más linda. Él es un bostero. Aprobado y promocionado les diré.
Ah. Y por el bendito Facebook me fui enterando de otros y otras que se han casado como las hermanas de Martín Viglianchino, un amigo del barrio Los Pinares; o las hermanas de Cintia. Impresionante.
Parece mentira. Aún creo que estoy en La Madrid tomando mates en lo de Victoria con su hermana Virginia y su mamá Liliana. U organizando el matine de Buho´s. Tengo la sensación de que voy a acompañar a María Emilia desde el boliche a su casa o que jugamos en la nuestra con masa que nos hizo mi mamá. Snif.
También siento que fue ayer cuando Eugenia me llevó a mi casa después de un pedo bárbaro en la primera fiesta del curso de la facu. O que hace poco fuimos con la China a ver a Las Leonas jugando para Provincia de Buenos Aires un Nacional y me saqué una foto con Ceci Rognoni que ella perdió luego y nunca vi.
Y por qué no, estár con Juli en su casa de La Florida en la pileta, tomando la leche, o intentar llamar y que de ocupado constantemente.
Pero lo más importante y lindo de escribir sobre este tema, es que tengo (y tenemos) la certeza de que, como dicen nuestros amigos de La Mancha de Rolando, ese momento para nosotros dos, “pronto llegará”…
Parece mentira, pero después de tantos años de conocerlos, compartir cosas y momentos, parece que ese día tardará en llegar. Y no.
El año pasado, en enero, se casó en La Madrid mi amiga Victoria con Nacho. Recuerdo las primeras épocas de su noviazgo como fiel testigo. Sea por carta o visita, siempre estuve más o menos al tanto de la relación. “¡Qué nacho la de anoche!”, le dije después de su primer contacto allá por el “noventipico”. Fue muy raro estar en ese momento tan importante. ¡Y fue emocionante aparecer en una foto en el video!
Después, en abril, Eugenia nos sorprendió acá en Mar del Plata. Fiel a su linda rareza, se casó con un suizo que conoció por internet. Ella siempre fue una persona especial. No salía mucho, cantó en una banda de no sé qué estilo de música, y se pasaba gran parte de su tiempo en la compu. Era obvio que su amor llegaría por ese lado. Ahora vive en Suiza y es feliz, con Urs, y las sábanas verdes que le regalamos con Alejo.
La motivadora de este post, vino a visitarnos a principios del año pasado y en el programa de radio en el que yo laburaba dije: “un saludo para María Emilia, amiga de mi hermana desde hace 17 años”. Fuaaaaa… casi le genero un desmayo cuando escuchó semejante cifra. El mismo desmayo que ella casi nos genera cuando nos dio la noticia de que se casaba con Pablo.
Debo reconocer que ni me acordaba cómo era su novio. Creo que nunca lo conocí. Pero, una vez en la fiesta, cuando lo traté, resultó tener la misma esencia que ella y que la gran mayoría de la gente de La Madrid, a pesar de que no es de ahí. Un tipo educado, gentil y buena onda. A la hora de la foto en la mesa, me presenté como “el hermano de Lucía” porque no sabía si me conocía y él dijo: “vos sos Bernardo, Emilia me hace leer tu blog”. Pobre loco.
Y ahora, los matrimonios del futuro próximo o inmediato. Primero el de la China y Jero. Poco conocida como Débora, del mismo círculo vicioso que Eugenia y Alejo, tiró la noticia en plena cena amiguistica en el Antares de Bernardo de Irigoyen hace poco. Mucho no nos sorprendió, porque después de ser novios desde los 14 años, era obvio que su destino sería uno solo. Y más, luego de las pruebas superadas como la reciente convivencia y los viajes a Estados Unidos. Grandes personas. Se casarán en enero del año que viene.
Y en la última semana, otra grata noticia. Dentro de 365 días más o menos, mi prima Juli y Lucho también tendrán “su” momento. Tremendo. Ella es mi prima más linda. Él es un bostero. Aprobado y promocionado les diré.
Ah. Y por el bendito Facebook me fui enterando de otros y otras que se han casado como las hermanas de Martín Viglianchino, un amigo del barrio Los Pinares; o las hermanas de Cintia. Impresionante.
Parece mentira. Aún creo que estoy en La Madrid tomando mates en lo de Victoria con su hermana Virginia y su mamá Liliana. U organizando el matine de Buho´s. Tengo la sensación de que voy a acompañar a María Emilia desde el boliche a su casa o que jugamos en la nuestra con masa que nos hizo mi mamá. Snif.
También siento que fue ayer cuando Eugenia me llevó a mi casa después de un pedo bárbaro en la primera fiesta del curso de la facu. O que hace poco fuimos con la China a ver a Las Leonas jugando para Provincia de Buenos Aires un Nacional y me saqué una foto con Ceci Rognoni que ella perdió luego y nunca vi.
Y por qué no, estár con Juli en su casa de La Florida en la pileta, tomando la leche, o intentar llamar y que de ocupado constantemente.
Pero lo más importante y lindo de escribir sobre este tema, es que tengo (y tenemos) la certeza de que, como dicen nuestros amigos de La Mancha de Rolando, ese momento para nosotros dos, “pronto llegará”…
sábado, 31 de enero de 2009
De golpe y porrazo
Ha vuelto el blog señores. Pero es la última vez que lo digo. Me convencí de que el nombre no puede ser sostenido. No tiene nada que ver con la onda que le pongo. Pero no lo voy a cambiar. La idea original no era la de escribir de vez en cuando y sucesos apartados; pero si mis lectores lo aceptan, seguiremos en esta tónica.
Este post, viene influenciado por el “Vientos del sur” de mi amiga Aneris Casassus (aneriscasassus.blogspot.com). Y tiene que ver con los golpes, porrazos, heridas, ambulancias y demás.
Como todo chico criado en los 80´ y 90´ donde eran comunes los “picados”, los baldíos, la escondida, la mancha, y todos esos juegos en los que terminabas embarrado y por qué no lastimado, yo también tuve accidentes varios.
Ahora la cosa es distinta. Los pibes no se golpean, salvo a la salida de algún cyber después de gritarse, putearse y pelearse por un jueguito de computadora. Poco serio.
El primer episodio cortante lo tuve en mi pierna derecha. El vecino de al lado armó una carpa para una fiesta y yo me subí a la sillita de mi hermano a chusmear. El asiento era de esos que son altos y tienen la mesita incorporada, y al bajar, no vi el clavo. Él sí me vio. Y me lastimó. Primer contacto con los amigos de Cardio.
Luego, años más tarde; o meses, no recuerdo bien, estábamos en el barrio jugando y me tiré de rodillas en el baldío de enfrente. Resultado, una tapa de lata de paté o algo así oxidada y patas pa´ arriba, se clavó en mi pierna izquierda. Otra vez ambulancia. Otra vez morcilla.
La historia sigue. Y vienen las dos heridas más graciosas a mí entender. La primera sucedió cuando el maldito portón de alambre verde de la canchita de enfrente de mi casa se abrió cuando venía pisteando con mi bici, a punto de batir el record de vuelta del barrio. Resultado, un tajo en el ojo izquierdo. Dolor.
Y después, estábamos andando a toda velocidad en skate, empujándome con una pierna, con la rodilla de la otra en la tablita, las dos manos bien firmes, pero una piedrita frenó el “vehículo” y no así mi cuerpo. El final, unos puntitos en la parte de la cara donde ahora hay bigotes cuando no me afeito por unos días. Esa fue tremenda. La más complicada. Porque le quería decir a mi amigo Martín que llame a mi mamá, pero como me tapaba la boca con las dos manos solo pronunciaba algo así como “llomómomomó, llomómomomó”. Lleno de sangre además.
Una de las últimas, porque no sé cuándo vendrá otra, fue hace unos veranos cuando laburaba de mozo en Morfeo. Estábamos terminando la jornada y yo juntaba todo. Venía con las manos llenas de envases de Quilmes (¡amén!) y había en una mesa una lata de Speed. Bien de langa, quise bajarla de una patada y perdí el equilibrio. Antes de llegar al suelo, las botellas se rompieron y algunos vidrios se metieron en mi pierna izquierda, arriba de la rodilla. Gracioso. No fue para tanto. Había unos enfermeros, medio tomados, que me socorrieron y me dieron sus primeros (y únicos) auxilios.
La vuelta del blog ha sido media accidentada. Y eso que no me puse a contar cada golpe y sólo me limité a contar las heridas profundas, que merecieron puntos.
Si quieren saber más, pregúntenle a la mesita ratona del living de mi casa, a las puertas de la alacena de la casa de Vane, a los escalones de cualquier lado que no avisan que están ahí, al marco del portón del garaje de la casa de Cintia en La Madrid; a la rama de aquel árbol que no me quiso agarrar las manos cuando me colgué… y puedo seguir. Pero no recuerdo más. Gracias por estar.
Este post, viene influenciado por el “Vientos del sur” de mi amiga Aneris Casassus (aneriscasassus.blogspot.com). Y tiene que ver con los golpes, porrazos, heridas, ambulancias y demás.
Como todo chico criado en los 80´ y 90´ donde eran comunes los “picados”, los baldíos, la escondida, la mancha, y todos esos juegos en los que terminabas embarrado y por qué no lastimado, yo también tuve accidentes varios.
Ahora la cosa es distinta. Los pibes no se golpean, salvo a la salida de algún cyber después de gritarse, putearse y pelearse por un jueguito de computadora. Poco serio.
El primer episodio cortante lo tuve en mi pierna derecha. El vecino de al lado armó una carpa para una fiesta y yo me subí a la sillita de mi hermano a chusmear. El asiento era de esos que son altos y tienen la mesita incorporada, y al bajar, no vi el clavo. Él sí me vio. Y me lastimó. Primer contacto con los amigos de Cardio.
Luego, años más tarde; o meses, no recuerdo bien, estábamos en el barrio jugando y me tiré de rodillas en el baldío de enfrente. Resultado, una tapa de lata de paté o algo así oxidada y patas pa´ arriba, se clavó en mi pierna izquierda. Otra vez ambulancia. Otra vez morcilla.
La historia sigue. Y vienen las dos heridas más graciosas a mí entender. La primera sucedió cuando el maldito portón de alambre verde de la canchita de enfrente de mi casa se abrió cuando venía pisteando con mi bici, a punto de batir el record de vuelta del barrio. Resultado, un tajo en el ojo izquierdo. Dolor.
Y después, estábamos andando a toda velocidad en skate, empujándome con una pierna, con la rodilla de la otra en la tablita, las dos manos bien firmes, pero una piedrita frenó el “vehículo” y no así mi cuerpo. El final, unos puntitos en la parte de la cara donde ahora hay bigotes cuando no me afeito por unos días. Esa fue tremenda. La más complicada. Porque le quería decir a mi amigo Martín que llame a mi mamá, pero como me tapaba la boca con las dos manos solo pronunciaba algo así como “llomómomomó, llomómomomó”. Lleno de sangre además.
Una de las últimas, porque no sé cuándo vendrá otra, fue hace unos veranos cuando laburaba de mozo en Morfeo. Estábamos terminando la jornada y yo juntaba todo. Venía con las manos llenas de envases de Quilmes (¡amén!) y había en una mesa una lata de Speed. Bien de langa, quise bajarla de una patada y perdí el equilibrio. Antes de llegar al suelo, las botellas se rompieron y algunos vidrios se metieron en mi pierna izquierda, arriba de la rodilla. Gracioso. No fue para tanto. Había unos enfermeros, medio tomados, que me socorrieron y me dieron sus primeros (y únicos) auxilios.
La vuelta del blog ha sido media accidentada. Y eso que no me puse a contar cada golpe y sólo me limité a contar las heridas profundas, que merecieron puntos.
Si quieren saber más, pregúntenle a la mesita ratona del living de mi casa, a las puertas de la alacena de la casa de Vane, a los escalones de cualquier lado que no avisan que están ahí, al marco del portón del garaje de la casa de Cintia en La Madrid; a la rama de aquel árbol que no me quiso agarrar las manos cuando me colgué… y puedo seguir. Pero no recuerdo más. Gracias por estar.
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