sábado, 3 de octubre de 2009

Un hotel de aquellos...

A continuación, unas líneas sobre el lugar done estoy alojado mientras cubro para el diario El Atlántico de Mar del Plata,a el Cuadrangular final de la Copa Argentina de Básquet, donde participa Peñarol...



El “Touring Club” de Trelew, es un lugar lleno de historia que aún conserva rasgos de antigüedad. Fundado en 1918, tiene un encanto especial para visitantes y para los propios habitantes. Pasen lean y recorran...

Al verlo desde afuera, llama la atención. En estos tiempos modernos, llegar a ciudades que conservan y aman su historia, es algo que tiene un encanto especial. Y parecer un protagonista de aquel rico pasado, más lindo es aún.
Más allá de que el plasma último modelo que está arriba a la izquierda, con el canal Much Music, le pone un toque de modernismo, todo lo que conforma el Hotel Touring Club de Trelew, guarda cierta “antigüedad”.
La recepción es, a la vez, bar y restaurant. Detrás de la barra, está el tablero con las llaves de cada habitación, pero también, alrededor de 400 botellas y latas de distintas épocas. Las primeras de Gancia, las de Fernet Branca, unas de hace 30 años de Campari, Cinzano, Cognacs. Todas ubicadas cual tribuna popular de cualquier cancha. La de atrás, asoma levemente por encima de la que está adelante. Así por detrás de todo el sector de recepción, elaboración de desayunos y bacha para lavar la vajilla, que se extiende por todo el ancho del salón, unos 20 metros. También hay algunos trofeos, un par de cocteleras y un reloj enorme de agujas. Sin olvidar, obviamente, la vieja y querida lista de precios, de fondo negro y letras blancas que se clavan. “Vermout Jeréz, $8”, marca. “Ginegra, Vodka, Gin, Vino, Licor, Coñac y Anis, $5”, sigue.
En el salón, se mezclan los pasajeros que están alojados y bajan a desayunar, unas señoras que el sábado por la tarde se juntan a charlar y jugar al Burako, el solitario hombre con su café y también, aquel que está acompañado únicamente por una botella de fernet y un sifón de soda. El hall de entrada, tiene unas 30 mesas. Algunas son de madera, pintadas de marrón, con sillas de similar composición, aunque algunas tienen un almohadón verde oscuro. Otras, tienen un mantel azul, otro colocado por encima en forma de rombo color bordó, y sillas de mimbre, también con un almohadón del color de la tela que cruza en la mesa.
Paredes altas, y techos también. Obviamente, la antigüedad se refleja en la pintura. Está un poco descuidado, pero esto también es parte de la esencia. En los laterales, un montón de cuadros. Una lista de precios vieja, fotos, escudos. Recortes de diario que reflejan lo que es el Hotel Touring Club, de manera similar a estas líneas. en uno de ellos, del diario Jornada, se recuerda la Masacre de Trelew, ocurrida el 22 de agosto de 1927, cuando fueron asesinados 16 militantes de organizaciones armadas Peronistas y de Izquierda en la Base Almirante Zar. En el mismo, hay una foto de una conferencia de prensa realizada un año después, en el lugar donde son redactadas estas líneas.
Una máquina de café de las primeras, de adorno. Para trabajar, hay una “Criollo Eurobar” de las últimas.
Al tono con el pasado. El mozo. El único que pasa gran parte del día. Pantalón negro, camisa blanca, asiente con la cabeza ante el pedido de una “lágrima”.
El cigarrilo también es compañía para los que están solos o con alguien. En Trelew se puede fumar en los espacios públicos.
Una puerta de entrada, dos ventanas a los costados, el cartel de “Sistema WI FI”, que también le da una dosis de actualidad al lugar. Pura descripción de lo que se ve y se siente.
La historia real, esa que no le deja lugar a la imaginación de quiénes lo visitan, esa que igualmente atrapa, cuenta que el “Touring” es una fusión de los hoteles “Argentino” y “Globo”. Este último, fue construido por la compañía inglesa “Southern”, en el año 1898. De esa primera estructura, se conserva la recepción-restaurant- bar- sala de juegos, y doce habitaciones. Aquí, por ejemplo, se alojó el Presidente Julio Argentino Roca, y el famoso pistolero Butch Cassidy.
Al lado, se encontraba el “Argentino”, que se incendió, quedó abandonado hasta que el señor Pujol, adquirió la propiedad y la anexó al “Globo”, en 1918, dando lugar a la fundación del actual “Touring”. La mayoría de los materiales, fueron traídos desde Europa, en barco hasta Puerto Madryn y en tren hasta Trelew. Desde Buenos Aires, también llegaron.
En planta baja, funcionaba, como hoy, el salón comedor, con vajilla de porcelana, copas de cristal y en el balcón, la melodía de un piano hacía más amena, placentera y romántica la comida o estadía.
Desde 1949, la familia Fernández es la dueña. Primero estuvieron los hermanos Luis y Rafael, con sus esposas Albina y Josefina; luego “Doña Pepa” quedó con sus hijos y sus familias, a cargo de todo.
Por la mañana, está la abuela y su hijo, y por la tarde-noche, los nietos. Uno de ellos, entrega un folleto que cuenta: “Lo más antiguo, que guarda los recuerdos de toda la historia, no solo del hotel, sino de la ciudad, es la confitería. Lugar de enamorados desde la época del trencito. De estudiantes, deportistas, de treguas políticas, bohemios, y locos con ideas luminosas”. Uno de ellos, que se alojó en 1930, fue Antoine de Saint-Exupéry, el creador de “El Principito”.
En casi dos horas de viaje hacia atrás, recuerdos y redacción, intento transmitir este viaje por el pasado de un lugar lleno de historia. Las señoras continúan jugando, fumando y discutiendo, en otra mesa hay un solitario hombre con una Quilmes de 3/ 4, Much Music sigue en el plasma y a mi lado, un colega santiagueño lee el folleto y se presta a escribir sobre lo mismo. Una vez más, el “Touring” y su encanto atraparon a un curioso. Por su pasado y presente. Por los sucesos que fueron y los que vendrán, este lugar es sin dudas, un hotel de aquellos…