“Negro 26”, cantó el croupier, o grupier, o simplemente, el que tira la bolita en la ruleta, canta el número y después junta todas las fichas. Antes, había gritado “no va mássss…”.
Extraña situación. La única vez que fui al Casino a “jugar”, acá en Mar del Plata, compré un peso de fichitas para la tragamonedas y las cuatro que obtuve, las perdí en más o menos 45 segundos.
La segunda vez que entré, fue para una conferencia de prensa del Juego de las Estrellas de básquet. Y la tercera, para un evento similar pero de la final entre Peñarol y Boca.
Después, nunca más. No me gusta ni eso, ni jugar a la quiniela ni a nada por plata.
Pero se me ocurrió escribir sobre eso, para relatar el día de 72 horas que viví el fin de semana pasado en Bahía. La excusa era ir a cubrir para el diario, el Cuadrangular Final de la Copa Argentina, pero también, compartir un tiempo con gente amiga-hermana, de La Madrid, el pueblito motor de los anteriores posts.
Allí me esperaban Carchu y Mer. O los Cortazar. Y él, es un gran amigo. Ella lo es de mi hermana, y por qué no, mía también.
Siempre fuimos muy diferentes desde chicos. Pero nuestra amistad es muy fuerte y eso es lo más importante. Él, un capo de la tecnología. Un Mc Giver desde pequeño. Yo, aún no sé cómo se cambia un “cuerito”. Él, el típico fachero. Mucha producción antes de salir. Ducha de 45 minutos, un poco menos de tiempo para elegir la ropa, perfume, arreglo de pelito. Yo, con remera, buzo, ni loco jean, y zapatillas. Cero perfume, apenas Axe. Ducha sí, obvio, pero no tan extensa.
Ahora, todo sigue igual. Yo tengo menos pelo, pero él está igual. Y a pesar de que tiene 27, es el mismo. Elige los mismos lugares para ir, que cuando la adolescencia y nuestra energía de sobra, nos hacían salir a donde sea. Y los días que fueran.
Pero yo no. Cambié. Los 26 me dicen que ya no tolero el boliche grande, lleno de gente, con ese estilo de música que suena punchi-punchi o tunts-tunts-tunts. Ojo, nunca me gustaron. Pero aguantaba y además, un poco de alcohol hacía todo más ameno.
Yo siempre fui, y ahora más, de elegir un barcito tranqui, sentado en una mesita, con una cervecita y rock nacional. Y me sentí raro en esas situaciones. Porque hacía rato que no las vivía. El viernes salimos a una especie de C.R.U (Centro de Residentes Universitarios) que hay en Mar del Plata. Allá se llama el Club Universitario. Acá, yo iba hace unos cuántos años. Cuando tenía la edad de los que van ahora.
Este nucelo de joda bahiense estaba llenísimo, abundaban los empujones, no faltó el típico banana de musculosa que llenaba de olor a chivo todo el ambiente y eran todos mucho más pequeños que mi amigo y yo. Aunque también había un par más veteranos. Hubo varias imagenes olvidables, pero compartir una birra con un hermano del corazón, queda para siempre.
Y el sábado, a Pajas Bravas. Aún no me había recuperado de la anterior y ya estaba alistado para la siguiente excursión. Muerto. El boliche quedaba en la ruta. Y sonaba la marcha a full. O el dance. Otra vez parados, a los empujones. Y hasta me volcaron whisky en la bombacha de campo. Sí, me puse eso para salir.
En otro sector, pasaban rock nacional y había lugar para sentarse. Pero la secuencia Turf-Babasónicos-Miranda-JuanaLaLoca me venció y volví al punchi-punchi. A las 7 nos fuimos.
Ahí surgió la inspiración. Y la idea de comenzar escribiendo con la metáfora de la ruleta. Porque sentí que esa situación no iba más para mí. Que quería estar en otro lugar, pero con mi amigo y los suyos de allá que son igual de buena onda.
Volvimos en auto, como si nada. O como siempre. Hablando de cosas de las que hablamos hace 17 años, la cantidad que lo conozco. Riendo de lo mismo.
Y saqué una conclusión y reafirmé otras. No importa lo diferente que seas con el otro, lo que vale es cuánto lo querés. A pesar de no compartir esos gustos, hay que acompañar. Hoy por ti, mañana por mí. Y sé que va a ser así, porque esa es la base de nuestra amistad.
PD: Para mi próxima visita a Bahía, voy a averiguar antes sobre un bar bien rockero para llevarlo. Seguro que me va a acompañar. Por algo es mi gran amigo.
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2 comentarios:
Primera!!
Algo hablamos ayer de el estado actual de los boliches, llenos de floggers, emos, bichos raros y la música punchi... yo prefiero los bares que pasan música noventosa!Pero es cierto que si estás con gente que querés, nada de eso importa.
besosss Ber!!!
disfrutá estos días de descanso!!
nos vemosss!!!
Odio el punchi-punchi!!! Hay que eliminarlo de la faz de la tierra. Logra ponerme de muy mal humor...Y sólo me recupero si luego suena algún Vilma Palma, un Alcides, un Rodrigo...
Ber, si armás un grupo de facebook que se llame "muerte al punchi" tal vez me convencés de tener facebook. Con la cruzada por la vuelta de Catalina casi lo conseguiste, jajaja.
Beso!!!
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